TRADUCTRIZ

Una nueva perspectiva

Publicado en Accesibilidad by Maribel en Mayo 10th, 2008

Hace algunos días volvía yo a casa después de una clase de audiodescripción, cuando de pronto recordé una conversación que allá por el mes de noviembre tuve con un cinéfilo de pro, al que le estuve contando de qué iba el experto que yo acababa de empezar por esos días. Por aquel entonces no habíamos empezado aún a audiodescribir en clase, sino que de momento solo nos habían mostrado algunas películas audiodescritas. No recuerdo lo que le dije exactamente a este muchacho, pero más o menos venía a ser que un audiodescriptor podía y debía penetrar más a fondo en las películas que los demás, que es lo que pensaba yo entonces de eso. Él me replicó que hay directores que lamentan que al analizar sus películas se vean elementos o significados que ellos no habían puesto ahí. Yo le respondí entonces que eso no está tan mal, porque entre un director y quienes se acercan a su obra se construyen nuevos significados, y se lo dije tan convencida de que en eso iba a consistir la audiodescripción. Al acordarme de esa conversación el otro día, me di cuenta de que hoy no le respondería algo así.

A lo largo del curso, el profesor de audiodescripción nos ha insistido mucho en que lo que se hace al audiodescribir NO es contar la película, sino contar lo que al ciego le falta para entenderla. De modo que eso tan bonito de la “construcción de significados” (es que me pongo muy lingüística yo) realmente no cabe en lo que es el proceso de audiodescripción, y no es que haya dejado de creer en ello, de hecho eso es lo que me parece más atractivo de artes como el cine, que nunca hay un significado único. Es solo que, a ese respecto, he estado recordando como cambió mi percepción de lo que es un traductor a lo largo de la carrera de Traducción: eso me dio pie a pensar que la metáfora, no por manida menos hermosa, de que somos “puentes de comunicación” es en cierto modo también aplicable a los audiodescriptores, pues, al igual que debe hacer un traductor que se precie de serlo, un audiodescriptor tiene que dejarse de lado a sí mismo para poder comprender las necesidades de su usuario, que, en el caso de un ciego, tiene la particularidad de que no puede acceder a una parte sustancial de la información que transmite una obra audiovisual. Y no es solo en eso en lo que se emparentan la audiodescripción y la traducción: ahora que por fin he tenido que audiodescribir una película entera yo sola, conforme he ido llegando al final he empezado a ver toda aquella audiodescripción como una unidad con entidad propia, y me iba dando cuenta de qué cosas debía cambiar en otros puntos de la audiodescripción para que adquiriera la cohesión que necesitaba, o en qué puntos había errado en lo que había escrito pues empezaba a ser consciente de algo de lo que no lo era antes… tal y como me ocurre cuando me implico plenamente en una traducción.

Qué más puedo decir, cuando una persona llega a un punto en sus estudios en que su percepción sobre lo que estudia ha cambiado sustancialmente caben dos posibilidades: o que se sienta decepcionada, o bien que se aperciba de que esa nueva perspectiva le ha enriquecido. En lo que se refiere a la audiodescripción, como en su día la traducción, lo menos que puedo decir es que ha merecido la pena el camino hasta aquí.

Por cierto, el curso que viene no se impartirá este experto en la UGR, pero estén atentos si les interesa este tema porque para el curso siguiente está previsto que se convierta en máster.

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